El riesgo de sufrir de epilepsia aumenta a partir de los 50 años, tanto en hombres como en mujeres.
Así lo advirtió el neurólogo Rafael López Baquero, subespecialista en epilepsia, un grupo de enfermedades que afectan el sistema nervioso central, cuya manifestación clínica habitual son las crisis epilépticas. Con el aumento en el sector de adultos mayores, dijo, urge un mayor análisis sobre esta enfermedad para darle una mejor atención a la población geriátrica.
Durante una actividad organizada por la Sociedad Puertorriqueña de Epilepsia, el galeno resaltó la importancia de conocer las causas de la epilepsia en la población geriátrica. Mencionó que los accidentes cerebrovasculares de tipo hemorrágico pueden causar convulsiones, aunque no todos estos casos desarrollan epilepsia.
Entre algunos eventos que pueden provocar convulsiones, enumeró los niveles de azúcar, la presión arterial, el abuso de alcohol y algunas sustancias, entre otros factores. Cuando una convulsión ocurre una semana después de alguno de estos factores, indicó, hay que observar al paciente porque no necesariamente significa que tiene un diagnóstico de epilepsia.
“En los (pacientes) neurológicos uno de los (eventos) que más veo son los movimientos nocturnos”, señaló sobre los movimientos involuntarios o repetitivos durante el sueño.
Tras un primer evento convulsivo o alteración eléctrica en el cerebro que provoca movimientos involuntarios y cambios en el comportamiento, López Baquero indicó que suele concentrarse en el antes, durante y después del paciente. Una de las herramientas que suelen utilizar inicialmente es el encefalograma, prueba que registra la actividad eléctrica del cerebro. Resaltó, no obstante, que hay que tener precaución con esta evaluación ya que no siempre ayuda a detectar la condición en pacientes geriátricos. “Si no observo nada, no necesariamente se descarta algo”, dijo.
Imágenes cerebrales obtenidas a través de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) también es otra herramienta que puede ayudar a explicar por qué ocurrió un foco epiléptico, agregó al también mencionar laboratorios, usualmente realizados al poco tiempo del evento, en las primeras horas o minutos.
Con relación a las convulsiones parciales complejas –generalmente cuando ocurre pérdida de conocimiento y alteración de conciencia-, mencionó que más del 50 % de las que ocurren en la población geriátrica son focales, tipo de epilepsia que afecta una parte específica del cerebro.
“Los avisos no son tan frecuentes en los pacientes geriátricos”, manifestó el neurólogo, aunque advirtió que esto no significa que no ocurran, por ejemplo, más episodios de confusiones transitorias que pueden durar horas o días.
Cuando ocurre más de una convulsión, explicó, es suficiente para hacer un posible diagnóstico de epilepsia. Destacó que la recurrencia de convulsiones es más frecuente en pacientes geriátricos que en adultos jóvenes.
En cuanto a tratamiento, mencionó que la primera opción generalmente son los anticonvulsivos. “Al escoger los medicamentos hay que tener mucho cuidado con los pacientes de demencia, para evitar la polifarmacia y efectos secundarios que afecten su nivel cognitivo”, dijo al resaltar que la recomendación es “empezar bajo (a nivel de farmacoterapia) y mantenerse bajo”.
Sobre evaluaciones quirúrgicas, indicó que se evalúan caso por caso, tomando en consideración el nivel de funcionamiento del paciente, otras comorbilidades que tenga y su nivel de apoyo en el hogar.
“Los pacientes geriátricos tienen menos lesiones asociadas con convulsiones que adultos jóvenes”, dijo, aunque advirtió que una complicación en adultos mayores son las caídas.
Agregó que uno de los factores más comunes a partir de los 65 años es el sedentarismo, además de problemas visuales y fluctuaciones en las presiones arteriales. “Por eso hay que evitar la polifarmacia y (darles) los menos sedantes posibles. Lo más importante es (poder darles) el tratamiento más correcto, para evitar que el paciente se siga deteriorando”, concluyó López Baquero.











