Más de la mitad de los hospitales que hay en Puerto Rico (63 %) participa de un programa que lidera la Asociación de Hospitales de Puerto Rico (AHPR) en busca de mejorar la calidad, seguridad y eficiencia en la atención médica. A través de una serie de alianzas y prácticas basadas en evidencia, la meta del Proyecto QIP (Quality Improvement Program) es reducir daños a pacientes, recopilando datos para luego analizarlos y desarrollar programas educativos sobre seguridad y mejoramiento de calidad.
Así lo informó Gabriel Caraballo, coordinador del Proyecto QIP o Mejoramiento de la Calidad, quien resaltó que el norte de esta iniciativa originada en el 2022 por la AHPR es alcanzar un nivel óptimo en la prestación de servicios de salud a nivel hospitalario.
“Este programa es libre y voluntario. Los hospitales que ingresan se benefician de actividades educativas mensuales gratuitas. Se hacen análisis de las métricas reportadas y se les da un reporte, además de estrategias con planes individuales de mejoramiento”, explicó el profesional de Enfermería que cuenta con una Maestría en Salud Pública con especialización en Epidemiología y una certificación en Control de Infecciones.
Hasta finales de abril, 44 de los 70 hospitales del país se habían unido a este esfuerzo, mediante el cual las facilidades hospitalarias participantes reciben informes trimestrales y anuales en base a las métricas reportadas en una serie de indicadores de salud.
“Los programas se alinean con tendencias actuales y uso de tecnología para un cuidado más eficiente. El objetivo es implementar prácticas de prevención validadas con datos robustos”, sostuvo Caraballo durante unos talleres educativos que organizó recientemente la AHPR.
Basados en datos, estos programas consisten en monitoreo y análisis para recomendar la implementación de cambios que optimicen los procesos y resultados de los pacientes. Para lograrlo, explicó Caraballo, se identifican áreas de progreso, se desarrollan estrategias, se implementan cambios y se les da monitoreo para obtener resultados que generen mejoras continuas.

Entre los objetivos del Proyecto QIP, Caraballo mencionó la recopilación de datos sobre eventos de daños adversos a pacientes en los hospitales de Puerto Rico. También, dijo, se implementan prácticas de prevención de daños basados en evidencia, mientras en el proceso se educa y crea conciencia entre profesionales de la salud en torno a las tasas de eventos de daño a pacientes.
Otra finalidad del programa, mencionada durante la charla, fue fomentar la participación de pacientes y sus familias en la toma de decisiones sobre la planificación de la continuidad del cuidado tras el alta hospitalaria. También, reducir los eventos adversos y muertes asociadas, así como los costos innecesarios asociados a eventos adversos prevenibles.
“Cuando los hospitales ingresan al programa se fija unas métricas base y se les pide también datos de tres meses del año anterior. Se les saca una tasa objetivo. La meta es que mejoren, con una reducción en sus tasas de un 20 % en las métricas de control de infecciones y de un 12 % en readmisiones”, indicó.
Algunos de los indicadores o medidas que se usan para evaluación y monitoreo mencionados por Caraballo fueron daños ginecológicos, caídas, readmisiones prevenibles y reconciliación de medicamentos. También interconectividad, infecciones asociadas a catéteres urinarios (CAUTI, por sus siglas en inglés), líneas centrales (CLABSI) y sitio quirúrgico (SSI). Además, neumonías asociadas a ventilación mecánica (VAP) y úlceras adquiridas en el hospital (HAPU).
Según explicó Caraballo, como parte del Proyecto QIP se monitorean los eventos adversos a medicamentos o cualquier lesión producto de una intervención médica relacionada a un medicamento, incluyendo tanto su uso apropiado como indebido. Esto incluye la conciliación de medicamentos al ingreso de una facilidad médica, como un hospital, para precisar y comparar la lista de medicinas que un paciente que viene de centros de atención anteriores ingiere con los prescritos al ingresar a un nuevo centro médico. También se mide la conciliación de medicamentos a la hora del alta del paciente, comparando la lista de medicamentos durante su estancia hospitalaria con los que recibió al alta y con su historial de medicación. Esto, para garantizar la precisión y evitar errores.
Otro indicador que mide el Proyecto QIP es la infección del tracto urinario asociado a catéter. Estas infecciones ocurren cuando bacterias u otros organismos entran al tracto urinario a través del catéter. Son comunes en la atención médica y pueden causar complicaciones graves, si no se detectan a tiempo.
Bajo este programa de calidad también se miden las infecciones del torrente sanguíneo asociadas a la vía central. Estas son infecciones graves que se producen cuando los gérmenes entran al torrente sanguíneo mediante un catéter central, las cuales pueden ser tan prevenibles como mortales.
Además de las caídas (con o sin lesiones), este proyecto mide la interconectividad o intercambio ágil y seguro de datos entre diferentes sistemas, dispositivos y aplicaciones, dentro de la atención al paciente. Esto incluye las recetas electrónicas y el intercambio de información de salud. Las prescripciones electrónicas estaban en 44.7 % en el 2022 y subieron a 52.4 % el año pasado, entre las facilidades que participan del Proyecto QIP y reportaron datos para este indicador. La meta es que esta métrica siga subiendo para que más pacientes se beneficien.
“Todo esto está basado en los hospitales que reportan en ese indicador particular”, resaltó Caraballo, quien mencionó que algunos hospitales no reportan en todos los indicadores del programa, solo en algunos.
Otro indicador es el daño obstétrico, incluyendo la tasa de cesáreas y la de partos electivos tempranos, además de las úlceras por presión adquiridas en el hospital, las readmisiones, las infecciones del sitio quirúrgico y los eventos asociados con el ventilador. La tasa de cesáreas, por ejemplo, estaba en 50.6 % en el 2022, bajó a 43.5 % en el 2023 y el año pasado estaba en 45 %, entre los hospitales participantes en este programa que reportaron datos para este indicador.
“Mientras más baja esté la tasa de cesáreas, mejor porque menos complicaciones va a tener la mamá”, sostuvo Caraballo.
“En conclusión, los QIP son una herramienta vital para que los hospitales mejoren continuamente la calidad y la seguridad de la atención que brindan, garantizando que los pacientes reciban la mejor experiencia y los mejores resultados posibles”, concluyó.






