Envase de pastillas.
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En agosto de 2023 el Departamento de Salud estableció un protocolo para el tratamiento a personas con trastorno relacionado al consumo de opioides en todas las facilidades de emergencia-urgencia. Dos años después se han realizado adelantos para garantizarle el tratamiento a estos pacientes, pero todavía hay algunas limitaciones, como desconocimiento de algunos médicos de cómo abordar estos casos.

“Entre las barreras está el factor de los médicos. Algunos no están muy acostumbrados a manejar problemas de adicciones en salas de emergencia por ‘issues’ médico-legales o no conocimiento del tratamiento con buprenorfina”, indicó el doctor Wilson Molina, director clínico de NeoMed Center.

La doctora Cristina Santiago, médico primario de MEDX by Migrants, coincidió al comentar que, además de que al inicio de la implantación de este protocolo había personal médico no adiestrado para atender estos casos, también está el miedo expresado por muchos de recetar buprenorfina. Este es el primer medicamento autorizado por la Administración federal de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) para tratar el trastorno por consumo de opioides.

“También está el estigma al paciente con dependencia a opioides en salas de emergencia. Algunos no han podido accesar bien el tratamiento porque no le dan la importancia al paciente en ese momento de atención médica de urgencia”, indicó Santiago.

La educación continua ha sido fundamental en la implementación de este protocolo, así como el apoyo administrativo y del área de Farmacia, apuntó la doctora Yaxelia Toledo, Chief Pharmacy Officer del Sistema de Salud Menonita. “Pero el que sea una sustancia controlada ya tiene unas implicaciones. Eso le trae unas cargas al personal de llenar documentación para estar en cumplimiento”, sostuvo.

Los comentarios de estos expertos surgieron durante una reciente actividad educativa organizada por la Asociación de Salud Primaria para abordar varios temas relacionados a la salud mental y al uso de sustancias.

De izquierda a derecha: La doctora Cristina Santiago, médico primario de MEDX by Migrants; la doctora Yaxelia Toledo, chief pharmacy officer del Sistema de Salud Menonita y el doctor Wilson Molina, director clínico de NeoMed Center durante una reciente actividad educativa organizada por la Asociación de Salud Primaria para abordar varios temas relacionados a la salud mental y al uso de sustancias.
De izquierda a derecha: La doctora Cristina Santiago, médico primario de MEDX by Migrants; la doctora Yaxelia Toledo, chief pharmacy officer del Sistema de Salud Menonita y el doctor Wilson Molina, director clínico de NeoMed Center durante una reciente actividad educativa organizada por la Asociación de Salud Primaria para abordar varios temas relacionados a la salud mental y al uso de sustancias.

La buprenorfina fue aprobada por el gobierno federal para el tratamiento de la dependencia de opioides en el 2002. En Puerto Rico, en el 2010 se aprobó la Ley para requerir que en todo contrato de seguros de salud se incluya, dentro del listado de medicamentos para el tratamiento de adicción a opiáceos, el medicamento conocido como buprenorfina. Y hace dos años el entonces secretario de Salud, doctor Carlos Mellado, firmó la orden administrativa #577 para obligar a toda facilidad de emergencia-urgencia a adoptar un protocolo para brindar servicios a personas con trastornos por uso de opioides. Esto incluye desde el ofrecimiento de servicios iniciales asistidos con medicamentos hasta referidos a tratamiento especializado, entre otros procesos relacionados.

Durante el panel, moderado por el licenciado Christian Romero, director clínico de salud mental y conductual de NeoMed Center, este advirtió que se supone que todo médico licenciado, certificado por la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), esté autorizado para recetar sustancias controladas.

Dentro de las consideraciones para recetar y administrar buprenorfina, el doctor Molina advirtió que se supone que el paciente esté “lo más enfermo para que el tratamiento sea lo más efectivo. De lo contrario se causaría un precipitado que provocará que el paciente se sienta peor, dijo. “Debe tener los criterios para tú inducirlo, no exacerbar sus síntomas”, reiteró.

La doctora Toledo, explicó, por su parte, la importancia de educar al paciente e identificar la modalidad de tratamiento que mejor le resulte, ya sea de corta o larga duración.

Qué medicamentos está usando, la cantidad y el tiempo que lleva en retirada son otros aspectos a considerar, planteó la doctora Santiago, quien resaltó que siempre se debe empezar por la dosis más baja, hasta llevar al paciente a la que necesite. “Todo paciente que entre a una sala de emergencia y necesite este tratamiento debe ser o tratado o canalizado a una clínica”, agregó.

“Usualmente se trata de entrar rápido a ese paciente, ponerlo en una camilla, evaluarlo. Es un trabajo multidisciplinario. Y se trata de que ese paciente se vaya ya con una cita, no más de cinco días después de salir de la sala de emergencias, para tratar de seguir lo que nosotros empezamos de tratamiento. También se le da medicamento por esos días en lo que llega su cita y unos días más”, dijo el doctor Molina.

El historial clínico que se obtiene del paciente durante su visita a la sala de emergencias también es crucial, sostuvo el galeno, pues a todos se les pregunta si fuman, beben, han utilizado o usan drogas, entre otras preguntas durante la evaluación inicial.

Tener un protocolo definido ha sido clave en el manejo y tratamiento de estos casos pues ofrece una estructura estandarizada que ayuda con las prescripciones y responsabilidades de cada profesional, planteó la doctora Toledo.

“Y el paciente tiene que estar comprometido con el tratamiento. Es bien importante que se comprometa y asista al tratamiento”, dijo al resaltar que también se les deben entregar kits de naloxona, medicamento que puede revertir los efectos de una sobredosis de opioides.

Debido a que no todas las farmacias ambulatorias cuentan con la disponibilidad de buprenorfina, la doctora Toledo sugirió la posible creación de alianzas o colaboraciones con farmacias que ubiquen cerca de salas de emergencia para facilitar que el paciente pueda adquirirlo con prontitud.

“Hay que hacer ajustes de cómo eliminar barreras (de acceso a este tratamiento). Tener una lista interna de las farmacias que tienen lista la buprenorfina”, coincidió el licenciado Romero.

Durante la charla se anticipó que es posible que el protocolo sea revisado pronto.

Una mejor definición del término ‘microinducción’ y abordar limitaciones en el despacho de medicamentos, incluyendo dilataciones en los procesos de preautorizaciones de los planes médicos, fueron algunos de los asuntos relacionados a este tratamiento que deben mejorar, según denunciaron los expertos durante la actividad.

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