La señora Carmen (nombre ficticio) llegó una noche a la sala de emergencias sin imaginar que su admisión pondría a prueba mucho más que un diagnóstico. Buscaba una explicación a una fatiga inusual que la preocupaba justo antes de la graduación de su nieta. Lo que ocurriera en los próximos días dependería tanto de la medicina que recibiera como de cuán bien en el hospital cuidaran todo lo demás: su mente, su movilidad y aquello que de verdad le importaba.
En Puerto Rico esta conversación no puede esperar. Según las estimaciones de población 2024 del Negociado del Censo, en 2024 el 24.6 % de nuestra población tenía 65 años o más. Los menores de 18 años apenas alcanzaban el 15 %. La edad mediana llegó a 45.6 años, y los adultos mayores superaban a los niños por más de 300,000 personas. El contraste con los Estados Unidos es marcado. Allí, ese mismo año, la población de 65 años o más representaba el 18.0 % y la edad mediana era de 39.1 años. Puerto Rico se ubica entre las jurisdicciones más envejecidas. Esa transformación demográfica ya camina por los pasillos de nuestros hospitales. Y cambia la forma en que debemos llevar nuestras operaciones diarias: cómo admitimos, evaluamos, medicamos, movilizamos y damos de alta a nuestros pacientes.
Volvamos a Carmen, quien fue admitida por neumonía. Ella recibe los antibióticos indicados y el seguimiento clínico apropiado, por lo tanto, la infección mejora. Pero para ella, recuperarse significa algo más. Llegar a la graduación de su nieta con la mente clara para reconocer a los suyos, la movilidad para caminar hasta su asiento y la fuerza para acompañar a su familia en ese momento. Atenderla bien no consiste en sustituir el tratamiento convencional, sino en ampliarlo para cuidar también aquello que a ella le importa.
Ese es uno de los propósitos de Age-Friendly Health Systems, un movimiento desarrollado por The John A. Hartford Foundation y el Institute for Healthcare Improvement (IHI), en alianza con la American Hospital Association y la Catholic Health Association. Su estructura organiza cuatro prácticas basadas en evidencia —‘What Matters’, ‘Medication’, ‘Mentation’ y ‘Mobility’— conocidas como las 4Ms. Cada una cuenta con respaldo científico en el cuidado del adulto mayor.
‘What Matters’ incorpora las metas y prioridades del adulto mayor al plan de cuidado. ‘Medication’ procura que los medicamentos sean necesarios, seguros y estén alineados con esas metas. ‘Mobility’ promueve movimiento seguro para reducir el desacondicionamiento, caídas y pérdida de independencia. ‘Mentation’, por su parte, protege la mente del paciente, atendiendo el delirium, la demencia y la depresión durante la hospitalización.
La fortaleza del modelo radica en que las 4Ms no funcionan de forma aislada. Los medicamentos pueden afectar la ‘Mentation’ y la ‘Mobility’; el deterioro cognitivo puede limitar la rehabilitación; y el ‘What Matters’ debe orientar todas las demás decisiones. La literatura confirma tanto la evidencia de cada M como su interdependencia.
El modelo tampoco parte de la premisa de que hemos cuidado mal a nuestros adultos mayores. Muchas de estas prácticas ocurren a diario en nuestras instituciones. Lo que aporta es un lenguaje común que las conecta y evita que dependan de una persona, de una unidad o de un turno. Vistas así, las 4Ms son una herramienta para transformar la cultura organizacional de un hospital. Es un vehículo para convertir buenas prácticas individuales en una experiencia institucional alineada con la atención de una necesidad impostergable.
CMS ya llevó esta conversación al ámbito regulatorio. Lo hizo con la medida estructural Age-Friendly Hospital del Hospital Inpatient Quality Reporting Program, que comenzó con el periodo de reporte de 2025 y aplica a la determinación de pago del año fiscal 2027. Es una medida de certificación (attestation) y de ‘pay-for-reporting’, no de desempeño clínico. Aunque no es idéntica al reconocimiento de IHI, comparte su orientación hacia metas de cuidado, medicamentos, fragilidad, vulnerabilidad social y liderazgo institucional. Por ahora, esta medida no se aplica a los hospitales de Puerto Rico.
Aunque la regla aún no nos aplique, no esperamos a que nos la exijan. Convertir ese cuidado en un estándar consistente es una decisión que en el Sistema de Salud Menonita ya tomamos. Comenzamos este proyecto y recientemente nuestros hospitales Menonita Guayama y Menonita Ponce ya fueron acreditados. Nuestros hospitales Menonita Aibonito Cayey, Caguas y Humacao son hospitales reconocidos como participantes, lo que próximamente los convertirá también en hospitales acreditados. Este logro refleja nuestro compromiso con implementar prácticas que promueven una atención más segura, personalizada y efectiva para las personas mayores.
Concebimos este esfuerzo como un servicio de responsabilidad social corporativa con todo Puerto Rico. Por eso, ponemos nuestra experiencia al servicio de otras instituciones que deseen recorrer este mismo camino.
Al final, Carmen no necesita conocer el nombre del modelo, ni distinguir un hospital de otro. Lo que necesita es sentir que se atendió bien su condición y que tuvieron presente lo que más le importaba para salir a tiempo y con fuerzas para sentarse en la graduación de su nieta. Ese es el estándar con el que nos hemos comprometido a garantizar para cada uno de nuestros adultos mayores.

Luis E. Meléndez Cintrón, MHSA, ESQ, DrPH (c)
Administrador
Hospital Menonita Guayama & CIMA Menonita






