Su vida profesional ha sido marcada por dos grandes vertientes. Tras completar su formación académica, en un camino inicial, la doctora Yocasta Brugal sirvió desde el Gobierno, al frente de una de las agencias más importantes del país, el entonces Instituto de Medicina Forense, viabilizando desde su especialidad en Patología Forense la investigación de una serie de crímenes que aún recuerda.
Poco más de dos décadas después concentró su pasión por la docencia en la Escuela de Medicina San Juan Bautista. Y este año cumple 21 años presidiendo este espacio, una de las cuatro escuelas de Medicina que hay en el país. Desde ahí coordina la dirección de una variedad de programas académicos relacionados a la salud.
Esta institución, asegura, se ha ido atemperando a los tiempos, integrando la tecnología en la docencia y encaminando más esfuerzos para robustecer la investigación. Tras la aprobación de unos fondos, próximamente comenzarán la construcción de un edificio adicional para fortalecer tanto el área de investigación clínica como sus relaciones con la comunidad. Acreditada por el Comité de Enlace para la Educación Médica (LCME) hasta el 2027, esta institución acoge actualmente a una matrícula de 450 estudiantes como parte de su compromiso con el desarrollo académico y social de Puerto Rico.
En un repaso de su vida profesional, la doctora Brugal recorrió algunos de los hitos más significativos de su trayectoria en una hoja de ruta hasta su presente.
REVISTA HOSPITALES: Comencemos hablando de su carrera, sus estudios en Medicina, su especialización, y el origen de su práctica médica.
YOCASTA BRUGAL: “Me gradué de Medicina en España, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, en 1971. Cuando me gradué, comencé la Residencia de Neurocirugía. Estuve dos años allá, pero decidí venir a Puerto Rico a hacerla porque tenías que comenzar acá. Ya había decidido regresar, a pesar de que me gustaba mucho España. Empecé a hacer la Residencia en Cirugía, porque era necesario hacerla primero para luego hacer la especialidad en Neurocirugía”.
RH: ¿Qué la motivó a estudiar Patología forense y cómo llegó al Instituto de Ciencias Forenses?
YB: “Parte de las rotaciones eran por Patología. Podías ver los tumores, las consecuencias, de acuerdo con el tipo de cáncer, al estadio… y me enamoré de la Patología. También siempre me ha gustado enseñar y dije, ‘me puedo abrir paso en la academia’. Empecé a dar clases aquí, en la Escuela San Juan Bautista; en la Universidad Central del Caribe y en el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico (RCM-UPR). Cuando me gradué, me hablaron de que me quedara como ‘attending’ en Patología. Ahí viene el Cerro Maravilla y quisieron renovar la especialidad en Medicina Legal, que pasó entonces a ser Medicina Forense. Y me hablaron para que hiciera la subespecialidad en Patología Forense, supongo, como dicen, para poner ‘sangre nueva’ en el personal. Y comencé allí en el RCM-UPR. Me cogieron como directora del Departamento, la Residencia, y luego del Instituto de Medicina Forense. Ahí estuve hasta que se convirtió en el Instituto de Ciencias Forenses (ICF). Entonces ya el director no tenía que ser patólogo. Podía ser un forense, un químico, un investigador… Me quedé como directora de la Residencia Forense y luego, directora de Patología hasta que me retiré en el 2003”.
RH: De sus 25 años en el ahora Negociado de Ciencias Forenses, ¿qué recuerda o qué le causó más impacto?
YB: “Hubo muchos casos de impacto… de impacto masivo, como el incendio del Hotel Dupont Plaza el 31 de diciembre de 1986, porque fueron muchas vidas perdidas. También el caso de Luis Vigoreaux, asesinado en enero de 1983, porque era una figura pública conocida en todo Puerto Rico. También el caso del ‘Ángel de los Solteros’ (Ángel Luis Colón Maldonado, considerado el único asesino en serie documentado en Puerto Rico). Coincidió con el retiro del médico forense doctor Rafael Criado. Ese caso fue llevado a Corte y fue muy impactante porque había mucho temor en la sociedad. La gente temía salir. Fue un caso de mucha discusión pública. También hubo otros casos impactantes por la forma en que se hicieron… una persona violó a unos niños y se fue de Puerto Rico. Cuando volvió a la isla esos niños agredidos sexualmente se vengaron. Lo mataron, le arrancaron el corazón, lo desmembraron. Ver el cadáver fue impactante, como lo fue el pensar cómo puede trastocarse la condición humana de esos niños, entonces adolescentes. Cuando el famoso ‘Papo, el carnicero’ estaba en la cárcel y aparecían cuerpos desmembrados de otros reos en los zafacones. Puerto Rico tiene para escribir varios libros, sobre cómo se defendían esos casos en las cortes. Hay casos que no se olvidan”.
RH: ¿Cómo ve el Negociado de Ciencias Forenses hoy día? De su vasta experiencia, ¿qué recomendaría en términos de recursos, equipo, manejo de crisis, etc.?
YB: “Con cambios, cambios favorables. He tenido reuniones en el Negociado de Ciencias Forenses, por otros asuntos, y cooperan con la enseñanza. Encuentro que está en buenas manos, están haciendo un buen trabajo y espero sigan así. Se ha vuelto a abrir la Residencia en Forense y creo que se han graduado uno o dos médicos en esta subespecialidad. Eso no se había visto desde el 2003. Y hacen mucha falta los patólogos forenses. A nivel privado es una práctica médica bien remunerada. En la parte pública no somos los mejores pagos y el trabajo es mucho. Y no a todo el mundo le gusta sentarse horas en Corte, menos a un médico. Hacemos menos dinero y tenemos más trabajo. Esto te tiene que gustar”.
RH: ¿Cómo llegó a la Escuela de Medicina San Juan Bautista?
YB: “Después de retirarme del RCM y del ICF vine al entonces San Juan Bautista Medical Center, a dirigir el Departamento de Patología. Y en el 2005 me pidieron que fuera la presidenta. Y ya el año pasado cumplí 20 años de presidenta.
RH: Desde que preside esta institución, ¿cuáles han sido los mayores retos y logros adquiridos?
YB: “Entre los retos, cuando del 2005 al 2007 la Escuela solo estaba acreditada por el Consejo de Educación Superior y no por el Comité de Enlace sobre Educación Médica (LCME). No contar con esa acreditación limitaba el que los médicos graduados pudieran hacer especialidades fuera del país. La mayoría se quedó en Puerto Rico, aunque, por otra parte, también hacían y hacen falta que se queden en la isla. En el 2008 nos dieron la acreditación del LCME por cuatro años. Una de las más recientes acreditaciones de este tipo duró siete u ocho años. Ese ha sido el logro mayor. Siempre hay mucho por hacer y lograr, como tener Residencias propias de la Escuela y más Residencias en Puerto Rico, para que se queden más médicos aquí. Hemos mejorado la retención de los médicos graduados y en mayo del 2024 se quedó el 45 %. Tenemos que
seguir poniendo esfuerzo en mejorar los servicios de salud. Tenemos en la Escuela de Medicina San Juan Bautista estudios de doctorado y bachillerato en Enfermería. También en Salud Pública y un programa de estudios para convertir una enfermera práctica en graduada. Hay mucho entusiasmo, gente que quiere mejorar y adquirir más conocimiento. Queremos seguir ampliando ofrecimientos de estudio y reteniendo estudiantes en Puerto Rico. También tener más Residencias porque, como no hay tantas en Puerto Rico, muchos se van a hacerlas en Estados Unidos y se quedan por allá, porque les hacen buenas ofertas de trabajo y muchos ya tienen familias y otras responsabilidades”.
RH: ¿Cómo han manejado situaciones difíciles como huracanes, temblores, pandemia, crisis económica, etc. que ha enfrentado todo Puerto Rico?
La crisis económica no ha tocado esta institución directamente, porque la mayoría de los estudiantes se mueven con préstamos estudiantiles, dependen de esos préstamos. La crisis del huracán María fue bien grande por el problema de la comunicación. No por falta de luz, porque como tenemos el Hospital Menonita, de Caguas al lado, le daban preferencia al área para la reconexión eléctrica, además de que tenemos una planta eléctrica bien responsiva, que dura semanas prendida. Pero los estudiantes se afectaron mucho emocionalmente. A través del arte –la escritura, la escultura- los llevamos a cómo liberar esa tensión. Solo un estudiante no volvió. Era de Boston y su familia pensó que no era seguro volver. Además, nuestros estudiantes ayudaron mucho a la población afectada. Iban a jugar dómino a los asilos, llevaban comida a comunidades en la montaña. Esta es una escuela de base comunitaria. Tenemos un plan estratégico, pero quien dicta a dónde vamos es la comunidad. Tenemos también el Centro de Salud Justicia, que lo dirige la doctora Linda Laras, desde el 2015. La violencia sexual se ha convertido en una epidemia, especialmente cuando el huracán María y la pandemia, que estábamos encerrados y muchas de las agresiones eran por personas cercanas. También tienen una unidad móvil para ir a los pueblos. Somos bien responsivos a los problemas en la comunidad. Identificamos qué está pasando en tal barrio y van estudiantes de Salud Pública y otros programas académicos. Igual en la pandemia, que le enviábamos reportes al municipio de Caguas diariamente. La Escuela de Medicina San Juan Bautista tiene retos que trabajar, pero a la vez también es un alivio y ayuda a la comunidad. También hay clínicas de salud los fines de semana. Vienen muchas personas, también de muchas iglesias. Y también hacemos vacunaciones en grupo. Puerto Rico, también, tiene casi 1 millón de personas de 60 años o más y parte de esa población está muy afectada por el Alzheimer y otras enfermedades cognitivas. Nosotros nos unimos a la Fundación Wilnelia Merced (Delia’s Respite for Caregivers) y se dan unos cursos gratis de cómo cuidar al cuidador. Vienen muchas personas.
RH: ¿Cómo se diferencia el estudiante de Medicina hoy día del de antes, de cuando Usted estudió Medicina?
YB: “No había muchos de los estudios diagnósticos de hoy día, como MRI y CT Scan. Ni análisis de hormonas y otras pruebas más modernas. Tenías que hacer el cernimiento mirando, tocando y oyendo al paciente. La Medicina ha avanzado tanto, pero el paciente es igual. Hay que mirarlo, darle la mano, preguntarle qué le pasa. No puedo ponerme de espalda a escribir en la computadora la receta electrónica. Hay que ver si tiene un problema físico, pero también sicológico. Eso es lo único que nos diferencia y ayuda de la inteligencia artificial. Ese contacto. Mi papá, que era médico, me decía que sabía de más pecados que el cura. Sus pacientes eran como familia. Nada reemplaza lo humano. Antes, más estudiantes iban al salón de clases, ahora muchos piensan que pueden correr el currículo solos en la computadora. También hay que hablarles diferente, no esas conferencias de dos y tres horas. Algo más tipo conversación, discusión, de aprendizaje más fácil. Hay que enseñar, pero no deshumanizar.
RH: ¿Qué tipo de médico necesita la sociedad y cómo se está formando desde esta escuela?
YB: “Más médicos primarios -principalmente internistas, pediatras, ginecólogos obstetras, siquiatras- para atender la mayoría de las necesidades. Aquí en la escuela les recalcamos de la necesidad que hay de esos médicos, a nivel primario.
RH: Se habla de que, con la privatización de las facilidades de Salud, cuando nació la Reforma en los ’90, se redujeron los talleres de Medicina ¿Qué esfuerzos se han hecho desde entonces para aumentar las Residencias disponibles en Puerto Rico y que los estudiantes puedan quedarse aquí, y no tener que irse a Estados Unidos, donde muchos se quedan?
YB: “Los hospitales han estado aumentando las Residencias y eso es positivo. Sabemos que es costoso, pero hasta cierto punto hay una necesidad y un deber de hacerlo. La Asociación de Hospitales ha estado bien activa. Nos hemos reunido muchas veces buscando puertas que abrir, que puedan mejorar la situación. Está la situación de las citas tardías a profesionales de la salud y los hospitales se han dado cuenta de la necesidad de ayudar. Soy la ‘chair’ del comité de Mortalidad y Morbilidad de la Sección de Servicios a las Personas Adultas con Discapacidad Intelectual (DSPADI), del Departamento de Salud. Nos hemos reunido con los hospitales para trabajar con las discapacidades de adultos. A lo mejor alguien grita porque no puede decir dónde le duele o tiene que llevar un acompañante. La Asociación de Hospitales nos ha abierto las puertas para buscar soluciones. Quizás que sean atendidos en un sitio aparte, atenderlos inmediatamente o no darlos de alta antes de tiempo porque molestan. Se están haciendo acuerdos, trabajando en conjunto con los hospitales. También con la escasez de médicos hemos estado buscando soluciones”.
RH: ¿Cómo fomenta la Escuela de Medicina San Juan Bautista la investigación? ¿Qué ofrecimientos tiene al respecto?
YB: “Perdimos recientemente dos ‘grants’ porque eran relacionados a asuntos de diversidad equidad e inclusión. Eso no traía fondos a la Escuela, eran más bien de construcción, para mejoras, pero traía muchos empleos. Vamos a construir un edificio para la investigación en unos terrenos aledaños que son de la Escuela, y se iba a construir un laboratorio de Anatomía para hacer prácticas, pero ese fue uno de los ‘grants’ que se perdieron. Otro de los ‘grants’ que perdimos era del Departamento de Educación de Estados Unidos y otro de la División de Minorías de la Administración de Recursos y Servicios de Salud, pero fueron eliminados sin previo aviso. De investigación, se está haciendo ahora mucho con el Alzheimer. Tenemos un centro de investigación clínica y se hacen investigaciones en colaboración con diferentes farmacéuticas. Otras investigaciones son iniciadas por nuestros facultativos. Y cada división tiene investigaciones con estudiantes”.
RH: ¿Cuáles son las mayores presiones que enfrenta un médico en su ejercicio cotidiano, más allá del conocimiento clínico, especialmente los recién graduados?
YB: “El que hace su Residencia afuera y vuelve tiene ciertas dificultades para comenzar su práctica en el país. No consiguen agilizar los procesos de acreditación con rapidez y los necesitamos. La Junta de Licenciamiento y Disciplinas Médicas ha cambiado y han agilizado los procesos en los últimos meses. Las renovaciones de las licencias han mejorado mucho, pero cuando vienen médicos puertorriqueños graduados afuera es un proceso muy lento. También está lo de la red de proveedores de las aseguradoras, que en muchos casos tarda en aceptar y asignar números de proveedores a médicos recién graduados”.
RH: ¿La tecnología y la inteligencia artificial son una ayuda o una fuente de presión para el médico?
YB: “Es una ayuda, pero hay que saber utilizarla. Se presta para muchas cosas. Aquí en la Escuela tenemos una política para su uso.
RH: La pandemia cambió muchas dinámicas. ¿Qué lecciones dejó para la práctica médica?
YB: “Lo único bueno que trajo es que donde quiera podemos comunicarnos. Es maravilloso si tengo que salir de viaje y poder conectarme si tengo una reunión. Pero no ha sido fácil para los estudiantes. Muchos se acostumbraron a no venir a la Escuela físicamente. Hay que volver a programar eso porque es necesario que vengan, ir a clases. Muchos se sienten autosuficientes, pero los estudiantes necesitan ponerse en contacto con la escuela, con los profesores. El modo híbrido es bueno, para los estudiantes y los profesores. Es buena la flexibilidad, pero no todo el tiempo debe ser reunirse virtual. Se necesita ese contacto presencial”.
RH: Hablemos de los Centros Médicos Académicos y las metas en conjunto que tienen las cuatro escuelas de Medicina para ayudar a desarrollar más médicos y profesionales de la salud y, sobre todo, que se queden practicando en Puerto Rico.
YB: “Esa Ley 136 del 2006 ha ayudado mucho. Hay muchos profesores voluntarios, en parte, por esa ley. Ayuda a que los estudiantes tengan más lugares donde hacer las rotaciones y al médico, que le dedica tiempo al estudiante y los protege de potenciales demandas de responsabilidad médica profesional. Tenemos que seguir reforzando que más hospitales abran más Residencias, que haya más recursos para los estudiantes rotar. Tengo 300 médicos en hospitales con rango académico y eso, en parte, por la Ley de los Centros Médicos Académicos. Pero tenemos que seguir. También nos ha unido a las cuatro escuelas de medicina. Cuando se hace la conferencia anual de la Asociación Médica Americana (AMA), las cuatro escuelas de Medicina de Puerto Rico hacemos la conferencia en conjunto, no separado como hacen escuelas de otros lugares”.
RH: ¿Qué recomendaciones de política pública puede ofrecer, especialmente para facilitar ese camino a los médicos recién graduados?
YB: “Los proyectos de ley para médicos, estudiantes de Medicina y escuelas de Medicina deben ir dirigidos a abrir más Residencias. Sería bueno volver al sistema de salud que teníamos antes de la privatización del sistema, donde la mayoría de los hospitales tenía Residencias. Lo importante es que se formen buenos médicos, que lo principal sea la salud de la población. Hay que buscar cómo sanarla, porque el impacto fue fuerte con el cierre de muchas de las Residencias.
RH: Finalmente, ¿a base de su experiencia, qué recomendaciones puede darle al país, tanto a nivel general, como para mejorar el sistema de salud de Puerto Rico y fomentar la retención del talento local?
YB: “Volver un poco al sistema de salud que teníamos antes. Que las aseguradoras no le dicten a los médicos lo que hay que hacer”.













