Adolescente con droga en la mano.
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Aunque algunos menores comienzan a experimentar con sustancias desde los 12 años -con drogas ilícitas, alcohol, nicotina y otros productos de tabaco- es entre los 18 y 25 cuando se concentra el mayor consumo, según reveló la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud 2022.

A pesar de que este análisis recoge datos relacionados con la salud de niños y jóvenes en Estados Unidos, en Puerto Rico el patrón es similar. La encuesta Consulta Juvenil XI (sondeo entre estudiantes de nivel intermedio y superior de Puerto Rico, comisionado por la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA) reveló el año pasado que 23,720 estudiantes de séptimo a duodécimo grado habían vapeado alguna vez en sus vidas.

Aquí y allá, estos patrones ocurren en plena adolescencia, cuando el cerebro aún se encuentra en pleno desarrollo, lo que aumenta la vulnerabilidad a efectos negativos del consumo. Así lo advirtió el psiquiatra Ángel Vega Ramos, durante una ponencia sobre ‘Nuevas sustancias psicoactivas y tendencias emergentes entre jóvenes y adolescentes’.

“El control de impulsos y toma de decisiones no está definido hasta los 20 a 21 años. Entonces en la adolescencia toman decisiones más impulsivas”, indicó durante el 4to. Simposio de Salud Mental y Uso de Sustancias que organizó recientemente la Asociación de Salud Primaria de Puerto Rico.

Según el psiquiatra, hay una variedad de consecuencias adversas asociadas con el trastorno por consumo de sustancias en adolescentes. Entre estas, mencionó lesiones fatales y no fatales; suicidios; homicidios; violencia; delincuencia y comportamiento criminal; trastornos psiquiátricos; deficiencias neurológicas y otras complicaciones médicas; prácticas sexuales riesgosas; impulsividad y malestar psicológico.

“El consumo de sustancias entre adolescentes en la cultura pop es común y se ha normalizado. Lo vemos en la música, la moda, la propaganda, la televisión… forma parte de su desarrollo normal”, dijo Vega Ramos, quien lamentó que a esas edades a los jóvenes se les puede dificultar entender las consecuencias de su consumo en un futuro.

“El objetivo de este tratamiento entre adolescentes es tratar de evitar que regrese al consumo. La terapia familiar va a mejorar la comunicación y resolver conflictos familiares porque la familia tiene mucho que ver”

Dr. Ángel Vega Ramos

Sobre algunos factores de riesgo que aumentan la vulnerabilidad de un adolescente a desarrollar un trastorno por consumo de sustancias, señaló el acceso a disponibilidad de sustancias, la percepción del riesgo a esas edades, trastornos psiquiátricos concurrentes, dificultades académicas, uso entre pares, estresores y conflictos familiares. “El consumo de marihuana en los adolescentes está inversamente relacionado con el riesgo percibido. Ahora no lo ven tan punitivo como antes”, dijo.

Además, lamentó la postura flexible que asumen algunos padres con sus hijos en torno al consumo de sustancias, especialmente alcohol. “Es un mensaje tan confuso para el joven cuando los padres dicen, “mejor que consuma o pruebe conmigo que con un desconocido”. Es bien difícil de explicarle eso a los padres”, indicó.

El psiquiatra advirtió que no todos los adolescentes que consumen alcohol van a usar sustancias, pero resaltó que la mayoría de los que ingieren sustancias comenzaron esos patrones en la adolescencia.

Explicó que jóvenes con trastornos psiquiátricos tienen mayor riesgo de padecer de trastorno por uso de sustancias. Entre las condiciones donde se observa un mayor riesgo mencionó el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, depresión y trastorno oposicional desafiante.

Por otra parte, Vega Ramos señaló que la mayoría de los adolescentes no reciben tratamiento para el trastorno de uso de sustancias. Entre las razones identificadas, señaló la dificultad para encontrar tratamiento, no estar dispuesto a recibirlo, que el consumo de sustancias no se percibe como un problema y el estigma.

“El objetivo de este tratamiento entre adolescentes es tratar de evitar que regrese al consumo. La terapia familiar va a mejorar la comunicación y resolver conflictos familiares porque la familia tiene mucho que ver”, dijo.

Tendencias en la receptividad del tratamiento con buprenorfina entre el 2009 y el 2018 en Puerto Rico advierten que los jóvenes de 15 a 24 años son los que menos reciben esta intervención terapéutica, agregó.

Sobre los patrones emergentes y nuevas formas de consumo, el psiquiatra de adicciones en niños, adolescentes y adultos destacó un aumento en el uso del vapeo, cannabis sintético y estimulantes. También señaló una tendencia creciente en el policonsumo entre adolescentes. Además, advirtió que datos del 2023 muestran un alza en el uso de las sustancias Delta-8, Delta-10 y ‘whippets’.

Delta-8 THC es una sustancia psicoactiva que se encuentra en la planta de Cannabis sativa. Esta no ha sido evaluada ni aprobada por la Administración federal de Drogas y Alimentos (FDA) para certificar su uso seguro. Esta agencia ha recibido reportes de eventos adversos relacionados a su consumo, entre estos, alucinaciones, vómitos, temblores, ansiedad, mareos, confusión y pérdida del conocimiento.

Delta-10 es otro cannabinoide que se asocia a propiedades psicoactivas, como euforia y energía. Tampoco ha sido aprobado por la FDA.

“Los productos de cannabis tienen diferentes niveles de contenido de THC (potencia). El riesgo de efectos adversos del consumo de cannabis aumenta con el aumento de los niveles de THC1”, explicó Vega Ramos, quien comentó que además de la planta, se generan productos derivados mediante comestibles (gummies, etc), vaporizadores y aceites.

Los productos de Delta-8 y Delta-10, advirtió el psiquiatra, son de fácil adquisición en gasolineras, tiendas de vapeo y en línea. Frecuentemente son vendidos sin controles de calidad, subrayó al resaltar que casos de psicosis, ansiedad y vómitos cíclicos asociados a su uso han generado miles de llamadas a centros de intoxicación en los últimos años.

Mientras, los ‘whippets’ son cartuchos de óxido nitroso, un gas inhalante generalmente utilizado para inflar globos, que generan efectos psicoactivos, como euforia breve y distorsión de la percepción. Entre sus riesgos neurológicos y cardiovasculares, el experto en salud mental destacó: déficit de vitamina B12, mielopatía, neuropatía periférica, además de hipoxia, arritmias y muerte súbita, con casos documentados de lesiones permanentes por uso crónico. Esto, sostuvo, ha generado un aumento en hospitalizaciones en Estados Unidos por casos relacionados desde el 2020.

Según WebMD, esta droga obtiene el nombre de los contenedores de aerosol de crema batida que indebidamente se utilizan para inhalar el gas de su interior. El óxido nitroso interrumpe el flujo de oxígeno al cerebro, lo que crea una breve y peligrosa sensación de euforia.

Otra modalidad de droga que ha cobrado popularidad, según Vega Ramos, son los ‘nicotine pouches’, lo que describió como “pequeños sobres que se colocan en la encía y se promueven como alternativas al cigarrillo pues no contienen tabaco, pero sí nicotina sintética”.

“Las redes sociales y el marketing afirman que ayudan con la pérdida de peso, las habilidades atléticas, el estado de ánimo y la concentración, pero tienen un riesgo de adicción y efectos cardiovasculares”, sostuvo el catedrático auxiliar del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.

Sobre las metanfetaminas (estimulante sintético altamente adictivo) comentó que su uso y abuso se ha notado más en Estados Unidos, aunque comentó que se anticipa un alza en Puerto Rico pronto. Entre sus efectos inmediatos mencionó mayor energía, confianza, deseo sexual, alerta y disminución del apetito. De sus consecuencias negativas: ansiedad, paranoia, taquicardia, arritmia, hipertensión, daño renal y sobredosis.

Se refirió, además, al ‘tusi’, el cual describió como un producto que no contiene cocaína, sino que es una mezcla de ketamina, molly o éxtasis, metanfetamina, cafeína y lidocaína. Se confecciona con un colorante rosado para un atractivo visual, indicó al resaltar que la falta de consistencia en su composición es su mayor riesgo. Disociación, hipertensión y convulsiones son algunos de sus efectos, dijo.

“Es emergente en fiestas electrónicas y clubes. Circula en Puerto Rico, según reportada, desde el 2022. Es comprada por redes sociales, mensajería privada o ‘dealers’ informales”, manifestó.

Ante este cuadro, el psiquiatra advirtió que las prioridades inmediatas de prevención deben dirigir sus esfuerzos al grupo de 12 a 17 años, la adolescencia temprana, cuando el riesgo de iniciación a estas drogas aumenta significativamente. También urgió al desarrollo de intervenciones familiares, así como a iniciativas que aborden la curiosidad y las influencias sociales, proporcionando mecanismos de afrontamiento saludables para los desafíos emocionales.

“La mejor intervención para los trastornos por consumo de sustancias es la prevención primaria o secundaria. Los trastornos por consumo de sustancias son difíciles de tratar y se asocian con una morbilidad y mortalidad significativas”, concluyó.

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