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Sobre una frágil situación económica, la industria hospitalaria hace malabares para contrarrestar complicaciones que puedan surgir durante una hospitalización y que pudieran sobrecargar aún más su estabilidad financiera.

“El principal reto al que se enfrentan todos los sistemas de salud es el aumento de la demanda de servicios en un contexto de recursos limitados”, advirtió Edna Bigio Ramos, gerente de Educación Clínica de Smith & Nephew of Puerto Rico.

Edna Bigio Ramos, gerente de Educación Clínica de Smith & Nephew of Puerto Rico
Edna Bigio Ramos, gerente de Educación Clínica de Smith & Nephew of Puerto Rico

Durante una actividad reciente organizada por la Asociación de Hospitales de Puerto Rico (AHPR), la enfermera certificada en cuidado de heridas describió el difícil panorama que enfrenta el sistema de salud del país y su impacto sobre los servicios a pacientes. Por un lado, mencionó los despidos que ha habido en hospitales públicos, así como los retos para retener personal médico en la Isla. Estos y otros factores, como cambios demográficos, han limitado los servicios hospitalarios, lo que unido a otros eventos han provocado una merma de unos 80,000 pacientes en seis años, destacó. “Es necesario tomar decisiones en cuanto a dónde se enfocarán estos recursos limitados”, dijo Bigio Ramos.

Además de una población envejecida, sostuvo, ha habido un aumento en las comorbilidades o presencia de dos o más enfermedades en una persona. También se ha reflejado un alza en los niveles de obesidad. Por otro lado, indicó, destaca la escasez de personal de salud, lo que genera una capacidad limitada de camas.

Según explicó, el Programa de Reducción de Afecciones Adquiridas en el Hospital (HAC, por sus siglas en inglés), es un programa que busca reducir complicaciones médicas o condiciones de salud que puedan surgir mientras un paciente está hospitalizado. Infecciones, úlceras y caídas son algunas de estas situaciones. Este programa es impulsado por los Centros de Servicios para Medicare y Medicaid (CMS, por sus siglas en inglés), agencia federal que administra el programa Medicare y supervisa los programas estatales de Medicaid. Los hospitales con puntuaciones más bajas, según unos parámetros establecidos, reciben una reducción en los pagos.

“El programa HAC alienta o motiva a los hospitales a mejorar la seguridad de los pacientes e implementar las mejores prácticas para reducir sus tasas de infecciones asociadas con la atención médica”, resaltó Bigio Ramos.

Basado en un estudio realizado en el 2014 sobre datos de Medicare, dijo, se encontró que heridas crónicas que no cicatrizan y las complicaciones asociadas afectan a casi el 15 % o 8.2 millones de beneficiarios de Medicare. Según estos datos, el costo estimado del tratamiento de estas heridas ronda entre $28.1 mil millones y $31.7 mil millones anuales. “Los costos más altos se asociaron con heridas quirúrgicas infectadas o reabiertas, mientras el cuidado ambulatorio tuvo los costos más altos en el lugar de atención”, dijo al comentar que la mayoría de estos pacientes eran adultos mayores, muchos con obesidad y diabetes.

Dentro de la limitación de recursos, señaló, urge subir la eficiencia en los tratamientos, lo que en este escenario implica aumentar la producción de un recurso constante, como una enfermera. Además, bajo la economía de salud, explicó, hay prácticas y productos que pueden reducir costos o mejorar resultados relacionados a la salud, incluso aunque el producto sea más caro. Como ejemplo mencionó que el costo de ciertos productos, como esponjas y antimicrobianos, ayudan a reducir infecciones, dolor y el uso de medicamentos, entre otros efectos.

De acuerdo con Bigio Ramos, a nivel hospitalario, se debe identificar a las personas en riesgo en cada punto de entrada. En el área de cuidado crítico, sostuvo, es donde se generan las tasas más altas de lesiones por presión. Además de una mayor carga financiera y días de hospitalización, en estos pacientes se observa una tasa más alta de readmisiones.

La enfermera advirtió que para mantener a los pacientes libres de lesiones por presión el tiempo es esencial ya que éstas pueden desarrollarse en solo dos horas. Por eso, dijo, hay que inspeccionar la piel a fondo y con frecuencia, principalmente en pacientes con factores de riesgo, como aquellos de 70 años o más y con comorbilidades. “El 95 % de las lesiones por presión adquiridas en hospital son prevenibles”, indicó.

Además, destacó que toda la cadena hospitalaria es responsable de que se logren los cuidados adecuados para el paciente, principalmente a través de programas de prevención de lesiones por presión.

“El trabajo en equipo o interdepartamental, y la decisión de compra de tecnologías por áreas de riesgo son esenciales para poder lograr el tratamiento de calidad necesario para el paciente y así cumplir los objetivos establecidos bajo el programa de HAC de Medicare el cual impactará directamente las ganancias hospitalarias”, concluyó.

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