Calce: Dra. Karen G. Martínez González, directora departamento de Psiquiatría RCM.
Cincuenta y dos de los 78 municipios de Puerto Rico han sido designados como zonas de escasez de profesionales de salud mental. Esto impacta al 35 % de la población, aproximadamente 1.1 millón de personas limitadas de acceso a servicios de salud mental.
“Tanto de psiquiatras como psicólogos, hay mucha escasez”, advirtió Luis Meléndez Cintrón, administrador del Hospital CIMA Menonita, sobre datos de la Administración de Recursos y Servicios de Salud (HRSA). La cantidad de psiquiatras no ha variado en los últimos años, según los datos más recientes (2023) revelando que en Puerto Rico hay 388 psiquiatras y 85 especializados en niños y adolescentes. Esto significa 14.8 por cada 100,000 habitantes. La cifra ideal de psiquiatras, según el departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), advierte debe rondar entre 15.4 y 25.6 por cada 100,000 habitantes.
“No es que haya más psiquiatras, es que la población de Puerto Rico ha venido en descenso. Igual, la prevalencia y necesidad de servicios de salud mental en personas de más edad es mayor. Por no es satisfactorio ese número”, planteó al advertir que las brechas de servicios son principalmente en áreas rurales.
Durante la Cumbre de Salud Mental 2025 que organiza anualmente la Asociación de Hospitales, Meléndez Cintrón resaltó que una merma en la población general, desastres como el huracán María, los terremotos del 2020 y la pandemia de COVID-19 han provocado mayor demanda de cuidado psiquiátrico. A esto se suma una desigualdad de recursos, con mala distribución de los existentes, lo que genera brechas de acceso, sostuvo.
Un estudio del 2018 publicado en ‘Psychiatric Services’, revista de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), reconoció la escasez. Según el abogado, la situación actual deja un déficit de entre 21 y 218 psiquiatras en Puerto Rico, acorde a varias métricas.
De los 388 psiquiatras que hay en la isla, 43.3 % tiene 65 años o más. Mientras, de los 85 psiquiatras de niños y adolescentes en el país, 29.4 % ronda esas edades, advirtió.
Según datos de la HRSA, Puerto Rico ocupa la posición número 15 entre las jurisdicciones con más psiquiatras. Pero, Meléndez Cintrón advirtió que el 40 % se concentra en San Juan. “Más de 20 % de nuestros municipios tienen menos de diez psiquiatras, por 100,000 habitantes”, dijo al resaltar que 29 pueblos no tienen psiquiatra y en 33 municipios hay menos de diez por 100,000 habitantes. Advirtió que el creciente sector de adultos mayores requiere más servicios psiquiátricos y no hay los medios para atenderlos adecuadamente.
Para dar una idea del cuadro mental en Puerto Rico, Meléndez Cintrón citó datos de CIMA Menonita Salud Mental, hospital psiquiátrico en Aibonito. De sobre 17,000 pacientes, el 65 % tenía depresión y ansiedad. Estos datos del año pasado revelan que el 14% tenía un trastorno por uso de sustancias, el 6% esquizofrenia y 5% trastorno de déficit de atención, con hiperactividad (ADHD).
El equipo multidisciplinario de CIMA lanzó el programa ‘Hablemos’, el cual consiste en sicoterapia grupal, con el apoyo de trabajadores sociales, psicólogos, médicos y especialistas en el tratamiento de la ansiedad y la depresión. De los sobre 1,000 pacientes que han atendido, el 73 % ha mostrado una mejoría general, se informó.
“Esto es una muestra de que podemos hacer cosas distintas, basadas en evidencia. Y aprovechar al psiquiatra para casos más complicados. También, que debe haber políticas de salud para que se puedan cubrir estas alternativas. Necesitamos más apoyo de los pagadores y legisladores”, reiteró.
Urge graduar más psiquiatras
Durante el mismo panel, titulado ‘¿Dónde están los profesionales? La otra emergencia: crisis laboral en salud mental’, la doctora Karen Martínez González, directora del Departamento de Psiquiatría del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico (RCM-UPR), coincidió sobre la escasez de estos profesionales.
Aunque advirtió hay una limitación de datos que reflejen la cantidad exacta de psiquiatras en la isla, reconoció que muchos están cerca de la edad del retiro, mientras no se están graduando los suficientes como para suplir la necesidad de los que se retiran.
A nivel de psiquiatras de niños y adolescentes, relató que hay unos 45 con práctica activa en la isla. En cuanto a psiquiatras especialistas en adicciones comentó que no hay data exacta sobre esta cifra, pero advirtió que “son pocos”, al igual que psiquiatras subespecialistas en Geriatría y forenses.
Sobre las estrategias para atender esta problemática, comentó que el departamento de Salud aumentó las plazas en los dos programas de Residencia de Psiquiatría que hay en Puerto Rico. Esto ha ido a la par de un aumento de estudiantes interesados en Psiquiatría, dijo. “Este año los dos programas tienen nueve psiquiatras cada uno en su primer año de Residencia en Psiquiatría”, dijo al referirse al programa del RCM-UPR y al de la Ponce Health Sciences University, donde antes se aceptaban seis por año.

Pero este esfuerzo no es suficiente, reiteró. Advirtió que los médicos entrenados en Puerto Rico son bilingües por lo que, además de su buen entrenamiento, los hace bien solicitados en Estados Unidos. “Hay que continuar estrategias de retención porque hay ofertas de trabajo que no podemos equiparar. Es cómo podemos ayudarlos a decidir a quedarse en Puerto Rico, aún ante esas ofertas”, indicó.
Una mayor consciencia de la importancia de la salud mental, junto a un incremento de condiciones psiquiátricas, ha provocado que muchos médicos se interesen cada vez más por la investigación, contó. “Muchos dicen, ‘Quiero ser psiquiatra porque es la única especialidad donde me dejan hablar con el paciente”. El estilo de vida de la profesión muchas veces también es un atractivo”, dijo.
Dentro de las limitaciones para formar estos profesionales en la isla, comentó que en el Programa de Psiquiatría de Niños y Adolescentes solo hay dos residentes por año. Lamentó que en Puerto Rico no hay programas ni de Psiquiatría Forense ni Geriátrica, mientras se necesitan más subespecialistas en adicción. Los dos programas de Psiquiatría en Puerto Rico, dijo, están acreditados por el Consejo de Acreditación para la Educación Médica de Posgrado (ACGME). “Creo en la colaboración y en que es la manera en que podremos resolver las situaciones”, sostuvo.
El RCM-UPR, indicó, está impulsando distintos esfuerzos de filantropía para aumentar su Facultad. Por otra parte, comentó que consorcios privados con hospitales e instituciones que dan servicios de salud están considerando incorporar nuevas subespecialidades.
La psiquiatra de niños y adolescentes urgió a evaluar los modelos existentes e identificar los obstáculos para viabilizar un mayor acceso de pacientes. “Es importante que sean atendidos antes de necesitar un psiquiatra. Necesitamos estrategias de prevención, porque hay muchas condiciones que son prevenibles si comenzamos un tratamiento desde el embarazo y la niñez temprana. Hay evidencia de que disminuye la posibilidad de condiciones severas de salud mental. Y si nos enfocamos en prevenir, no vamos a necesitar tantos servicios de salud mental”, manifestó.
Abogan por la prevención
Para el doctor Julio Santana Mariño, rector del Recinto de San Juan de la Universidad Albizu, la falta de suficientes recursos de salud mental para atender el alto volumen de pacientes es un problema real y multidisciplinario que no solo se circunscribe a Puerto Rico y Estados Unidos, sino a nivel mundial.
Según informó, hasta el año pasado en Puerto Rico había 3,494 psicólogos activos. Sin embargo, señaló que las estadísticas también advierten de 1,387 licencias inactivas, así como 181 psicólogos con licencia activa, pero residiendo fuera del país.
La proporción de psicólogos en la isla es de 70 por cada 100,000 habitantes, mientras en Estados Unidos es de 85 por la misma cantidad de residentes. Durante su participación en el panel, el psicólogo destacó que solo el 35 % de estos profesionales trabaja en el sector público, mientras 63 % está en el sector privado. “Eso tiene un impacto con la retención. Muchos tienen plazas más estables, salarios más altos, en el sector privado. Y muchos comienzan en prácticas privadas desarrolladas por ellos mismos”, explicó.
En el área de Psicología clínica, en práctica general con consultorios privados, hay unos 913 psicólogos en Puerto Rico, aseguró. Otros, indicó, laboran en clínicas de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA) y centros de salud conductual.
Según explicó, hay tres áreas de Psicología consideradas dentro del área de la salud. Estas son: Psicología escolar, Psicología clínica y Consejería psicológica. Otras áreas de esta profesión señaladas fueron: investigación, docencia, Psicología industrial y organizacional.
La necesidad de que haya más especialistas en salud mental parte de estudios que afirman que al menos unas 165,000 personas en la isla cumplen con criterios de una condición de salud mental, dijo.
Santana Mariño coincidió en que abundan los retos para retener a estos profesionales debido a mejores reembolsos, condiciones y beneficios laborales en Estados Unidos. Lamentó, además, la distribución desigual de estos profesionales, abundando en el área metro y el sector privado. Dentro de la fragmentación del sistema de salud mental, advirtió un desgaste profesional por el exceso de trabajo, así como por una alta carga administrativa que no va a la par con la frecuencia de reembolsos tardíos. Estas y otras dificultades, dijo, afectan la atención primaria. “Mientras, hay más personas con depresión, ansiedad y uso problemático de sustancias”, deploró.
La doctora Waleska Crespo Rivera, presidenta de la Universidad Central del Caribe (UCC), comentó que un aspecto importante que se debe considerar es el balance entre el trabajo y la vida personal del médico. Eso, dijo, incide en unos cambios dentro del acceso a los servicios de salud. “Vamos a estar experimentando que hay menos horas de servicio disponibles porque es importante ese balance”, dijo sobre un elemento que cada vez más los médicos, especialmente de nuevas generaciones, están considerando adoptar. Por eso, sostuvo, urge buscar maneras de cómo retenerlos, facilitando sus prácticas. “No es solo por el compromiso con la sociedad, sino por tener una vida familiar saludable, a la par de la parte financiera”, dijo.
Datos de una encuesta realizada por la Asociación Americana de Psicología en el 2023 revelaron que 34 % reportó no ser proveedores de ninguna aseguradora, mientras 18 % nunca había sido parte de una red de proveedores. Sus prácticas, comentó Crespo Rivera, son basadas en pagos en efectivo, lo que dificulta que pacientes sin capacidad de pago puedan acceder ese servicio.
“El 53 % reportó que no tenían espacio para pacientes nuevos y de esos, cuatro de cada cinco dijeron que tampoco tenían lista de espera pues sus prácticas están cerradas para sus pacientes existentes y sus seguimientos”, dijo.
Ante este escenario, Crespo Rivera comentó que no va a ser suficiente la velocidad en que se forman y gradúan más profesionales en estas áreas. Por eso urgió a trabajar en áreas de innovación. Entre éstas mencionó la telepsiquiatría, la telemedicina y la teleconsulta. No obstante, comentó, hay profesionales con licencias activas de Puerto Rico que no ven pacientes locales pues ofrecen servicio desde la isla a poblaciones hispanas en Estados Unidos, por lo cual les reembolsan como si tuvieran su práctica en Estados Unidos, con pagos mayores.
También coincidió en la importancia de trabajar más en la prevención para, por ejemplo, que médicos primarios especialistas en adicción puedan identificar problemas de adicción en etapas más tempranas ya que la identificación tardía dificulta el manejo de estos casos. “Necesitamos establecer lo que he llamado un observatorio de recursos humanos en salud mental. Que vaya diciendo a corto, mediano y largo plazo lo que necesitamos. Que esos fondos de becas o incentivos podamos ir usándolos. También trabajar con las compañías de pago para mejorar reembolsos”, enfatizó.
A la vez, destacó la necesidad de recopilar datos que ayuden a generar una radiografía por municipio sobre los servicios de salud mental.
“Es importante que tengamos un sistema de salud capaz de atender las situaciones de nuestra población y que logremos tener programas de prevención sólidos, que cuestan inicialmente, pero son productivos si queremos tener una población saludable”, concluyó.








