Estudios identifican factores de riesgo en menores y adultos
Tres de cada cinco estudiantes de nivel intermedio y superior sufren de soledad moderada. Además, casi 20 % de ese estudiantado no cuenta con nadie cuando enfrenta problemas escolares. En la adultez también asoma un panorama similar, donde casi 30 % reporta no haber participado en alguna actividad social o recreativa en el último mes.
Estos son hallazgos identificados en los primeros dos estudios locales que midieron el aislamiento social y la soledad en la población puertorriqueña.
Uno de los estudios nace de la Encuesta Juvenil 2022-24, esfuerzo que se realiza desde el 1990 para monitorear el uso de sustancias entre adolescentes, así como otros factores de riesgo, siendo el aislamiento social y la soledad incluidos por primera vez en esta herramienta comisionada por la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA).
El otro estudio es parte del Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgo del Comportamiento (BRFSS, por sus siglas en inglés), encuesta telefónica que mide comportamientos de riesgo y acceso a servicios de salud a nivel nacional, incluyendo Puerto Rico, en adultos de 18 años o más.
“En el contexto de Puerto Rico, el aislamiento social y la soledad son problemas de salud pública con implicaciones directas en el bienestar físico y mental de la población. Estudios han demostrado que el aislamiento social y la soledad están asociados con un mayor riesgo de enfermedades crónicas, deterioro cognitivo, y mortalidad prematura”, advirtió el BRFSS entre sus hallazgos.
Además, señaló que el envejecimiento de la población, los desafíos económicos y el impacto de desastres naturales recientes hacen que este análisis sea “particularmente relevante en el contexto puertorriqueño”.
Los resultados de estos estudios fueron dados a conocer recientemente como parte de una propuesta dirigida por la Fundación Triple-S, organización que lleva varios años dirigiendo esfuerzos para educar, orientar y analizar el impacto de ambos factores en los habitantes del país.
“La soledad y el aislamiento afectan a todos”, comentó Lydia Figueroa, directora de la Fundación Triple-S, quien informó que estos dos estudios son parte de “una primera mirada” al problema, pero que el análisis continuará para ofrecer más detalles a nivel de los municipios del país, su impacto en condiciones crónicas y poblaciones particulares, entre otros factores. “Esto no solo impacta la salud, sino la economía de nuestro país”, añadió.
La doctora Margarita Moscoso, investigadora principal de Consulta Juvenil, informó que el estudio se realizó con estudiantes de sexto a duodécimo grado de escuelas públicas y privadas, con una participación final de 7,356 estudiantes en representación de la población de 207,012 alumnos de esos grados a nivel isla.
El estudio encontró que 3.2 % de los estudiantes de intermedia y 5.1 % de los de superior reportaron tener “soledad severa”.
Mientras, 48.4 % de los varones y 25.9 % de las féminas indicaron sentir que “les falta compañía”. Además, 21.1 % de los varones y 16 % de las féminas indicaron que no contaban con nadie cuando enfrentan problemas en la escuela. De igual forma, 18.7 % de los estudiantes de intermedia y 13.5 % de los de superior dijeron no contar con nadie cuando tenían problemas en sus casas.
“Se necesita un análisis más profundo para poder entender cuando dicen si tienen personas que los ayuden o no. Tenemos que seguir recogiendo datos”, dijo Moscoso, del Departamento de Medicina y Familia de la Universidad Central del Caribe, sobre el estudio que realizó junto a la doctora Linnette Rodríguez, de la Escuela Graduada de Salud Pública, del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.
Según comentó, del estudio se desprende que aproximadamente tres de cada cuatro estudiantes (75.3 %) que contestaron la encuesta indicaron que pasan su tiempo libre escuchando música; 68.4 % usa las redes sociales; 57.2 % usa videojuegos y el 57.1 % comparte con familia o amigos.
Por su parte, la doctora Ruby Serrano, de la División de Epidemiología e Investigación del Departamento de Salud, advirtió que los hallazgos del BRFSS permiten identificar a los grupos más afectados, así como aportar datos claves que ayuden a formular políticas públicas e intervenciones específicas.
Entre los datos que llamaron la atención, la epidemióloga y experta en política pública comentó que el 73 % dijo que en los últimos 30 días hubo ocasiones en las que disfrutaba estar solo o aislado. No obstante, 43 % encontraba su círculo de amigos demasiado limitado, 26 % extrañaba tener gente a su alrededor y 10 % dijo que a menudo se sentía rechazado. Además, 46 % dijo no contar con muchas personas en quien confiar.
En términos de edad, tanto el aislamiento social (9.1 %) como la soledad (15.9 %) fueron mayores en personas de 55 a 65 años. Con relación a ingresos, ambos factores predominaron entre las personas con ganancias anuales menores de $15 mil.
El aislamiento social predominó en la región de Arecibo (8.7 %), y la soledad, en la de Bayamón (16.1 %).
“La mayoría de la población reporta niveles bajos de aislamiento social y soledad, pero hay subgrupos vulnerables que necesitan atención. Los niveles más altos de aislamiento social y soledad se observan en adultos mayores, personas con bajos ingresos y en ciertas regiones como Ponce y Aguadilla. La soledad también afecta a los jóvenes, lo que destaca la importancia de intervenciones para diferentes etapas de la vida”, indica parte de las conclusiones del estudio.
Realizar intervenciones comunitarias, fortalecer redes de apoyo y monitoreo continuo fueron parte de las recomendaciones de ambos estudios.
“Esto impacta la salud completa del paciente, no solo su salud mental, sino su entorno también”, indicó el doctor José Novoa, miembro de la Junta de la Fundación Triple-S. Según demuestran estudios previos estos factores no se originaron en la pandemia de COVID-19, sino años antes, señaló. Advirtió, además, que pacientes con aislamiento social presentan un riesgo mayor de muerte, siendo los enfermos de cáncer una de las poblaciones de mayor peligro.
Sostuvo que las ramificaciones de esta situación impactan también el entorno laboral, causando mayor ausentismo y menor productividad.
Dentro de las estrategias, el galeno comentó que se comenzó a educar a la comunidad médica sobre la importancia de incluir la detección de estos dos factores en las evaluaciones de pacientes. Para detectarlo, anticipó, el paciente debe tener estos sentimientos de soledad y aislamiento social durante un período de seis meses o más.
Dentro de las acciones futuras, se informó que la Fundación Triple-S busca reducir el impacto de la soledad y el aislamiento apoyando diez proyectos sociales que trabajan con poblaciones vulnerables, incluyendo adultos mayores, personas con autismo y menores. Su aportación es de $250 mil.










