Calce: Judith Rodríguez Figueroa, demógrafa y catedrática retirada de la Escuela Graduada de Salud Pública (QEPD).
La pasión de Judith Rodríguez por comprender a las poblaciones humanas para identificar retos y aportar a una mejor planificación social, económica, cultural y de salud pública marcó cada etapa de su vida. Y esa entrega le valió, a pocos días de su partida, un sentido homenaje por parte de un pequeño pero significativo grupo de personas que quisieron agradecerle en vida su legado. Una despedida en vida que transformó el adiós en gratitud.
La reconocida demógrafa fue sorprendida la noche de un miércoles de agosto por un reducido grupo de personas -colegas, allegados y familiares- que le hicieron una breve visita en su hogar para reconocer su destacada trayectoria profesional, resaltando, sobre todo, su calidad humana. Además, la sorprendieron con una moción de felicitación del Senado de Puerto Rico que se le había emitido por motivo del 55 aniversario del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico (RCM-UPR), pero no se le había podido entregar previamente.
“La demografía para mí lo es todo”, resaltó visiblemente emocionada Judith esa noche, justo cuatro días antes de su fallecimiento. Natural de Guayanilla, pero criada en Ponce, Rodríguez falleció a finales de agosto.
Rodríguez fue una destacada demógrafa y catedrática del RCM-UPR. Al momento de su muerte, la exdirectora del Departamento de Ciencias Sociales de la Escuela Graduada de Salud Pública se había retirado como catedrática de Demografía desde el 2001, pero seguía activa y aportando a la discusión pública a través de sus estudios y análisis demográficos.
“Judith es una de las demógrafas más consultadas, una referencia por más de 30 años al servicio de un mejor Puerto Rico”, comentó Luz León López, catedrática y coordinadora del Programa de Demografía de la Escuela Graduada de Salud Pública del RCM de la UPR, durante el homenaje. Según recordó, Rodríguez fue su profesora, pero luego se convirtió en su mentora y posteriormente fueron compañeras de labores en el Programa de Demografía del RCM.
“Fue, y siempre será, la educadora a la que continuamente hago referencia para impartir mis cursos, porque no importa cuánto pase el tiempo y cambie la dinámica de enseñanza-aprendizaje en las nuevas generaciones, las estrategias de Judith para impartir, comunicar y transmitir conocimiento aparentan no tener tiempo de caducidad”, dijo León López, días después de su fallecimiento, al resaltar que entre los temas demográficos que trabajó Judith destacan el envejecimiento, la mortalidad, la fecundidad y la migración.
Ana Luisa Dávila, también catedrática del Programa de Demografía, coincidió en las habilidades pedagógicas de Rodríguez y así se lo comunicó. “Fueron los mejores tiempos del Programa de Demografía”, afirmó durante el homenaje.
El demógrafo José Antonio López le agradeció el haberlo integrado a él y a otros profesionales de este campo en la discusión pública para aportar su granito de arena y ayudar a que el país entendiera aspectos necesarios a través de esta ciencia poblacional. “Nunca la conocí como profesora dentro del salón de clases, pero ha sido mi mentora y amiga. Judith es única como profesional, ya que tiene visión, logrando anticipar cambios en la sociedad, de acuerdo con sus observaciones pasadas y actuales; se indigna y protesta ante la injusticia, como buen ejemplar de la generación de los Baby Boomers (sobre lo que está muy orgullosa de serlo); y se preocupa por el mundo en el que parece que viviremos, cuando ya no esté físicamente presente”, comentó, por su parte, Vivianna De Jesús Monge, demográfa y antropóloga, durante la semblanza que leyó esa noche.
De Jesús Monge mencionó que entre los temas que Rodríguez trabajó destacan la población de edad avanzada, la vivienda, el COVID-19 y la educación superior. Mientras, entre las organizaciones con las que colaboró a lo largo de su vida mencionó la Asociación de Maestros, la Universidad de Puerto Rico, varios municipios, la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, la Asociación de Hospitales de Puerto Rico y varias facilidades hospitalarias. También, dijo, colaboró con abogados, administradores de aseguradoras de salud, economistas y planificadores, “demostrando el trabajo de alto valor y aportación única que hace un demógrafo”.
“Como ya ella había advertido, Puerto Rico no solo disminuye en cantidad de habitantes, sino que envejece también. Esos cambios demográficos deben ser de entendimiento para todas las personas, en especial, quienes hacen política pública y establecen negocios”, dijo De Jesús Monge, tras la muerte de Rodríguez, sobre el legado de la demógrafa.
Zoraida Vega, directora ejecutiva de Esperanza para la Vejez, coincidió al resaltar que la mayor aportación de Rodríguez fue “el poner en ‘letras de neón’ a finales del siglo pasado lo que hoy vivimos con respecto a nuestra mermada y envejecida población”. “En aquellos tiempos el culto a la juventud era más rentable a los políticos, gobernantes y creadores de opinión pública, que la negativa y fría realidad que reflejaban las estadísticas”, agregó.
El doctor Eddie García Fuentes, administrador auxiliar de Servicios a Personas de Edad Avanzada y Adultos con Impedimentos de la Administración de Familias y Niños, del Departamento de la Familia, también recordó las contribuciones de Rodríguez mediante sus análisis demográficos sobre retos sociales, económicos, políticos y culturales del país. “Su análisis insistente sobre el crecimiento acelerado de los adultos mayores -producto de la baja natalidad, el aumento de la mortalidad y la migración, entre otros- fue un llamado de alerta para que el país actuara de manera responsable y con visión”, resaltó.
Para el exlegislador y licenciado Eduardo Bhatia, los estudios de Rodríguez demostraron el impacto directo de las tendencias poblacionales sobre la economía, educación, mercado laboral y viabilidad de Puerto Rico. “Su gran aporte fue traducir cifras en mensajes claros y urgentes para la sociedad y los líderes políticos”, sostuvo al describir a Rodríguez como su consejera, maestra y amiga.
Por su parte, el demógrafo Raúl Figueroa destacó a Judith por ser una visionaria de problemáticas que enfrentaría Puerto Rico en el próximo siglo. “En los años 80, mientras la mayoría celebraba la juventud y crecimiento poblacional de Puerto Rico, ella ya estudiaba el envejecimiento que se avecinaba. Sus investigaciones sobre las condiciones de vida de los adultos mayores fueron casi proféticas: vio en los datos de esa época lo que vivimos hoy. También fue pionera en temas de género, organizando en 1989 el primer congreso puertorriqueño sobre mujeres y salud. Sus estudios sobre la violencia contra la mujer fueron fundamentales, y nunca evitó analizar poblaciones marginadas, porque comprendía que toda vida cuenta en el retrato demográfico de Puerto Rico”, dijo. “En el ámbito académico, sus investigaciones sobre el envejecimiento de la población son más relevantes que nunca, y las alertas que emitió sobre la crisis demográfica se están cumpliendo tal como ella predijo”, concluyó.













